52 años de la “Guerra del Fútbol”: jugaron y ganaron los intereses oligárquicos de Honduras y El Salvador.

52 años de la “Guerra del Fútbol”: jugaron y ganaron los intereses oligárquicos de Honduras y El Salvador.

La erróneamente conocida como “Guerra del Fútbol” o guerra de las 100 horas de 1969, entre Honduras y El Salvador, durante las eliminatorias para clasificar a la Copa Mundial de Fútbol México 1970, pasó a la historia no sólo por ser un conflicto corto y trágico; sino porque los intereses que se jugaron fueron el de familias poderosas de los dos países, además de las transnacionales bananeras y el negocio de las armas de Estaos Unidos. 

Después de los juegos de ida y vuelta, las selecciones quedaron empatadas en puntos y al tener tres puntos cada uno debieron ir a un juego de desempate y el que resultara ganador clasificaría al Mundial. Este partido se realizó el 27 de junio en el estadio Azteca de Ciudad de México. El combinado cuscatleco se llevó la victoria 3 a 2, logrando por primera vez en la historia su pase al Mundial y haciendo estallar el conflicto.

«El fútbol ayudó a enardecer aún más la histeria pseudopatriótica, tan necesarios para desencadenar la guerra. Este hecho bélico fue algo absurdo porque los oligarcas y medios de comunicación de los dos países, revolvieron la opinión pública y se sirvieron del fútbol para defender sus propios intereses”, así resumió lo ocurrido el periodista polaco Ryszard Kapuscinski en su libro La Guerra del Fútbol y otros reportajes.

El conflicto armado empezó a las 6:00 de la tarde del 14 de julio y finalizó el 18 del mismo mes. Fue un enfrentamiento de dos empobrecidas naciones con armas y municiones de la I y II Guerra Mundial. Sin embargo, “en la preparación de los escenarios los medios de comunicación de ambos países, caldearon los ánimos meses anteriores y crearon un conflicto artificial” dijo el historiador y doctor con especialidad en Cirugía de Guerra, Efraín Fajardo.

En 1969 el presidente de facto en Honduras era el general Oswaldo López Arellano, quien, en 1963 llegó al poder con un sangriento golpe de Estado, derrocando al entonces gobernante Ramón Villeda Morales. Mientras que en El Salvador gobernaba el también general Fidel Sánchez Hernández, quien había sido electo en 1967.

Origen del conflicto bélico

“Entre 1930 y 1960 las familias campesinas de El Salvador enfrentaban una gran crisis económica y represión estatal, ante ellos los campesinos sin tierra se vieron obligadas a migran a la zona norte hondureña para laborar en las compañías bananeras”, indicó Fajardo. 

A renglón seguido aseguró que después del golpe de Estado de 1963, la dictadura militar encabezada por López Arellano, arrancó con una débil  reforma agraria que proyectaba beneficiar solamente a familias nacionales. Esto significaba que 300 mil salvadoreños debían regresar a su país.

“Esta decisión alertó a la oligarquía salvadoreña porque previeron un estallido social con el retorno de los campesinos salvadoreños debido a que las tierras, en el pequeño país centroamericano, estaban en manos de las 14 familias. Los mismo pasaba en Honduras, las familias terratenientes y las compañías bananeras no querían compartir las tierras con nadie”, manifestó el historiador Fajardo. 

Al mismo tiempo dijo que las transnacionales bananeras empleaban a miles de salvadoreños y por lo tanto al expulsarlos del país se ahorraban millones de dólares en prestaciones. “Por otro lado, Estados Unidos, estaba interesado en el negocio de las armas y por lo tanto la guerra era un actor fundamental para tal fin”, precisó.

Corrupción militar

“Cuando la guerra se abrió, quedó al descubierto la corrupción militar. La mayoría de los batallones que reportaban en las planillas hasta 500 soldados en la práctica sólo contaban con 150 efectivos. Esto significaba que por muchos años se robaban los salarios y todo el presupuesto de equipamiento de los batallones”, indicó el doctor Fajardo, especialista en Cirugía de Guerra.

Así mismo dijo que otro problema que se enfrentó es que al no haber suficientes soldados para afrontar la guerra, comenzaron a reclutar a civiles para enviarlos como carne de cañón a la guerra. Y ante a la falta de entrenamiento adecuado, el Ejército de Honduras se enfrentó a otro problema: la utilización de fusiles Mauser, M1 de las dos guerras mundiales, superado por el de El Salvador, que además de disponer con más armas y tropas, hizo uso del G3, entre otros, incluyendo obuses de 37, 81, 105 y 120 milímetros.

Este enfrentamiento tuvo fatales consecuencias para ambos países, quienes acabaron con un saldo de entre 4.000 y 6.000 muertes, además de unos 15.000 heridos.

En la noche del 18 de julio la Organización de Estados Americanos, OEA, negoció un alto al fuego que entró en vigor el 20 de julio, y con esto acabaría poniéndose fin a la guerra.  Mucho ha cambiado la vida de los hondureños y salvadoreños 50 años después de la guerra pero algunos de los problemas de entonces, como la pobreza, la injusticia y crisis sociales, siguen vigentes, como que si se hubieran congelado en el tiempo sin que la clase política de los dos países haya podido resolverlos.