Hoy quiero contarles algo que llevo guardando desde hace casi 3 años.

Hoy quiero contarles algo que llevo guardando desde hace casi 3 años.

Me gustaría empezar recordándoles que las víctimas de abuso de cualquier tipo no hablamos cuando queremos sino cuando PODEMOS hacerlo.

En este país según datos de la Fiscalía solo 27% de las denuncias se llevan a juzgados, de las cuales solo el 10% terminan en condena. Quiere decir que tengo el 90% de posibilidades de que mi caso quede en impunidad. Por eso les quiero contar con mis palabras lo que viví.

Mañana, después de 2 años y 9 meses de espera, se llevará acabo la Audiencia de Vista Pública por el delito de VIOLACIÓN en contra de mi persona por parte de alguien que era “MI AMIGO” muy cercano: David Alejandro Menéndez Acosta.

El día 13 de Abril de 2018 me fueron en casa de una amiga junto a otros cheros del trabajo, estábamos celebrando los cumpleañeros de Abril. Invité a mi "amigo" David junto a otros dos "amigos" con quienes me gradué de bachillerato.

Estuvimos tomando y todo bien, hasta que recuerdo como David me insistió en que fumara Marihuana en repetidas ocasiones, yo no quería al principio pero terminé accediendo. Me puse un poco mal y terminé quedándome dormida en la sala de la casa de mi amiga.

David me convenció de irme a mi casa, le dijo a mi amiga que me llevaría para que pudiera descansar mejor. Me quedé dormida en el camino y cuando abrí los ojos, noté que estábamos más adelante de mi casa: ¿a dónde vamos? -pregunté. “Nos quedaremos en el Apartamento” respondió.

Me sentí un poco mal porque creí que me dejarían en mi casa pero me tranquilizo pensar que eran personas cercanas y que ya había estado en su apartamento antes. Habilitaron un cuarto para mí. Emerson me hizo la cama y recuerdo que cerró la puerta para que yo pudiera dormir ...

A los minutos, cuando yo ya estaba quedándome dormida, escuché que David entró al cuarto y se acostó en la cama donde yo estaba. Me quedé dormida finalmente ignorando su presencia porque pensé que solo quería dormir al igual que yo ... pero no fue así.

Abro mis ojos y veo la oscuridad. Hay una silueta encima de mí. Siento su respiración agitada y me percato que mi blusa está levantada, mi pantalón está por mis rodillas y él estaba tratando de sacarme la ropa interior.

Me quedé en shock. ¿Qué carajos estaba pasando? ¿Cómo pasé de estar dormida a tener a un hombre encima de mí tratando de desnudarme claramente sin mi consentimiento?

Las palabras no salían de mi boca, mis brazos y piernas me no respondían. "¿Será esto el efecto de mis pastillas antidepresivas con el alcohol?" - pensé. Hasta que pude mover mi cabeza de lado a lado y dije: "No" lo trataba de repetir pero mi voz aparentemente no quería salir.

Cuando vio que estaba despierta, lanzó su peso encima de mí para asegurar que no me moviera. Las lágrimas empezaron a caer unas tras de otra y yo susurraba “No, por favor. No quiero ”una y otra vez. Como si no hubo escuchado nada, siguió con su plan y terminó su cometido ...

Recuerdo el dolor que sentí cuando introdujo su pene a la fuerza. Algo más allá de lo físico (que debo decir fue bastante ya que me dejo con hemorragias internas y laceraciones) dentro de mí algo se rompió, sentí que se llevaron una parte mía que jamás volverá ...

Salí casi que huyendo de ese lugar sin saber que hacer. Llegué a mi casa y me encerré en mi cuarto. No entendía que había ocurrido. “¿Realmente fue una violación? Es que no me golpeó y yo no fui capaz de forcejear ”pensé.

El 16 de Abril fui a denunciar. Una creería que la peor parte ya pasó, pero se equivoca. El sistema se encarga de revictimisarte. Te atienden hombres (policías, doctores, investigadores) te hacen repetir una y otra vez la historia hasta el cansancio.

En Junio, David fue capturado por la policía. Recuerdo como sentí que me hundía. Por un momento creí que sentiría paz pero fue todo lo contrario. Empece a vivir con miedo de que me hicieran algo por haber metido preso a David ...

No podía seguir viviendo en El Salvador. Ya no estaba viviendo, no me sentí segura en ninguna parte. Me vi obligada a irme del país por el terror que sentía.

Días antes de irme del país, recuerdo que tuve una discusión con mi familia donde tocaron ciertos temas relacionados con lo que había pasado. Me sentí tan mal que cuando hacía mis maletas, encontré mis pastillas para calmar la ansiedad.

En un impulso por querer calmarme y dejar de sentir el dolor que tenía por dejar TODO lo que conocía de lado por culpa de un tipo que había decidido joderme la vida, me tomé casi 30 pastillas las cuales me llevaron al hospital y me dejaron inconciente por casi 48 horas.

Al cabo de una semana me dieron de alta y pude irme a mi país de destino. A pesar de todo esto, volví a El Salvador para buscar justicia. Volví luego de haber encontrado mi voz en otras mujeres. Estaba decidida que callarme no iba a ser una opción, NUNCA MÁS.

Me parece irreal que mi caso haya llegado tan lejos con unas cifras tan desesperanzadoras. Hay miles de casos de mujeres en El Salvador como el mío, las cuales al ver la impunidad y lo podrido que está nuestro sistema judicial prefieren guardar silencio.

A esas mujeres les quiero decir desde lo más profundo de mi ser que estoy con ustedes y que espero que de alguna manera mi historia les sirva para tomar fuerzas de donde no las hay. Gracias por leerme  un abrazo a todos los que han estado conmigo en este proceso.

 

Historia original tomada de Tweets con el permiso de ProletAries.

 

  

 

 

No imaginan lo satisfecha que me siento de ver a mi agresor condenado.

Fui contra un sistema que estaba en contra

mío desde el principio y logré hacer justicia a pesar de todo.

un expresado en su cuenta oficial de Twitter