Las autoridades deben brindar ejemplo de templanza

Las autoridades deben brindar ejemplo de templanza

Tanto en el terreno como en lo discursivo, la reacción gubernamental luego del alza homicida no admite matices: el Estado se ha declarado en guerra contra las pandillas pero también contra todo aquel que pretenda señalar los indiscutibles riesgos que supone el estado de excepción.

Llegar a esa conclusión es fácil porque el gobierno quiere que lo sea, su propósito es que no quede ninguna duda acerca de su posición frente a los pandilleros, a los que acusa de estar detrás del trágico fin de semana. Pero para subrayar su punto ha cometido un error, y es desarrollar en sus redes sociales el guion de una conversación que el mismísimo presidente de la República lidera.

Bukele no tendría que dirigirse ni siquiera retóricamente a esos grupos ni para amenazarles ni para invitarles a una rendición ni para ninguna otra cosa. Es una idea peregrina, un mensaje desafortunado, un paso en falso que no admite justificación por más efectismo que sus publicistas y asesores de comunicación busquen.

Al dirigirse a ellos -sin importar que fue para amenazarles con que el Estado les cobrará sus asesinatos a través de más vejaciones para los que se encuentran en presidio-, el mandatario está dándole entidad a las pandillas. Por supuesto, se entiende que es una licencia narrativa, un exceso de comunicación para provocar dramatismo pero a costa del que debería ser el principal objetivo estratégico de la administración: demostrar que la política de seguridad del régimen se ejerce en positivo y no de manera reactiva, que el orden público es el valor político supremo y no un equilibrio precario que depende de fuerzas externas, peor aún criminales.

Se cae en esas ligerezas pese a lo delicado de la situación porque en el libro táctico del gobierno salvadoreño, la forma es más importante que el contenido y parecer es más relevante que ser. Y desde el régimen se entiende que ante la ausencia de autoridad y la sensación de indefensión que dejaron 72 horas siniestras, la nación requiere de una respuesta que parezca despiadada aun si ya demostró ser insuficiente: violencia. O dicho de otro modo, que el Estado recupere el monopolio de la violencia que la criminalidad le arrebató.

Sólo el tiempo dirá si en esta oportunidad, los resultados de la movilización de la fuerza pública en algunos de los territorios más delicados se traduce en paz duradera. Es el deseo de todos los salvadoreños pero no hay suficientes motivos para el optimismo a mediano plazo. Y también sólo el tiempo revelará si la escalada en el discurso del presidente, que pasó de fustigar a los pandilleros a amenazar a defensores de derechos humanos, políticos de otras fuerzas y todo aquel que cuestione los métodos en acción, fue una flaqueza de carácter motivada por la presión o un nuevo estadio en su extravío democrático.

Interrumpidas algunas garantías constitucionales y con las fuerzas del orden en contacto poco convencional con muchos ciudadanos, específicamente en barrios donde es lógico que soldados, policías y vecinos se tengan recelo mutuo, el presidente de la República tiene que dar el ejemplo exhibiendo templanza y tranquilidad. Si su comandante en jefe se dedica a insultar a sospechosos, ¿qué puede esperarse en los retenes en los suburbios?

 

vía:GLP