Miércoles, 14 Noviembre 2018

Se esfuma esperanza de migrantes de buses a capital mexicana

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Miles de migrantes centroamericanos que viajan en una caravana por el sur de México reanudaron el sábado su andar lento hacia la frontera con Estados Unidos, viajando de dedo o caminando al lado de las carreteras, luego de que se esfumaron sus esperanzas de llegar a la capital del país el fin de semana pues el gobernador del estado de Veracruz retiró su oferta de llevarlos hasta allí en autobuses. 

El gobernador Miguel Ángel Yunes anunció el viernes en la noche que las autoridades de Veracruz ofrecerían no solo ayuda humanitaria sino omnibuses hasta la Ciudad de México, luego de pasar tres semanas avanzando a lo largo de carreteras, tomando cualquier tipo de transporte gratuito para avanzar hacia el norte.

"Es muy importante que puedan moverse pronto de Veracruz hacia otro lugar”, dijo Yunes en un mensaje en video. “Por eso les ofrecimos también transporte para que si es posible el día de mañana 3 de noviembre puedan trasladarse a la Ciudad de México o al lugar que ellos deseen”.

AP Photo: Dos madres centroamericanas, que forman parte de una caravana de migrantes que tienen esperanzas de llegar a la frontera con Estados Unidos, aguardan por un viaje de dedo en Donají, en el estado mexicano de Oaxaca, el viernes 2 de noviembre de 2018. (AP Foto/Rodrigo Abd)

Los organizadores de la caravana anunciaron a sus aproximadamente 4.000 participantes que saldrían de la localidad de Sayula, en el estado mexicano de Oaxaca, alrededor de las 5:00 de la mañana del sábado en convoyes de 10 autobuses para un viaje de entre 10 y 12 horas.

Sin embargo, casi inmediatamente después, Yunes publicó otro video en que explicaba que debido a que el sistema de aguas de Ciudad de México realizaba tareas de mantenimiento y siete millones de sus habitantes no tendrían agua potable durante el fin de semana, no sería correcto enviar a los migrantes en esas condiciones. Estas obras se conocían desde hacía semanas. En su lugar, Yunes ofreció trasladar a los migrantes a otra ciudad de Veracruz hasta que se solucione el problema en la capital.

Los migrantes reaccionaron sorprendidos y decepcionados por la decisión, pero el sábado partieron por sus propios medios hacia La Isla, un pueblo a unos 70 kilómetros (43 millas) de distancia. Previamente los migrantes completaron un tramo agotador de 65 kilómetros (40 millas) de Juchitán a Donají, ambos en el estado sureño de Oaxaca, y luego avanzaron aún más hacia Sayula.

"Están jugando con nuestra dignidad", se quejó Gerardo Pérez, un migrante de 20 años que estaba cansado del viaje. Recordó que la gente explotó de felicidad anoche cuando les dijeron que viajarían en autobús, antes de apesadumbrarse por el cambio de planes.

Saira Cabrera, una migrante de 36 años que viaja con su esposo y sus dos hijos de 7 y 13 años, dijo que estaba frustrada. "Es una decepción que primero nos dijeran que sí y luego que no", afirmó.

Osman Quiroz, un migrante de 21 años, dijo que era una noticia “desagradable” ya que la gente estaba feliz y creía que se “manipuló y jugó” con sus sentimientos.

En un comunicado, los organizadores de la caravana rechazaron la decisión del gobernador y le pidieron que cumpla su propuesta de poner buses hasta la capital. La solicitud de los migrantes de que se les provean autobuses para llegar a la Ciudad de México se produjo días después de que el gobierno mexicano ignorara una petición similar de la caravana a su paso por Juchitán, en Oaxaca.

El último cambio se produjo mientras las autoridades mexicanas parecen estar confusas y divididas en cuanto a su enfoque hacia la caravana.

El viernes, otra caravana de migrantes, en este caso de El Salvador, vadearon el río Suchiate para entrar en México. Se trata de entre 1.000 y 1.500 personas más que también quiere llegar a la frontera de Estados Unidos.

Ese contingente intentó ingresar al país cruzando el puente internacional que separa Guatemala y México, pero las autoridades mexicanas les explicaron que debían mostrar sus pasaportes y visas y entrar en grupos de 50 personas para ser procesados.

Ante la preocupación por una posible deportación, los salvadoreños dieron la vuelta y cruzaron por un tramo poco profundo del río. Aunque los policías estaban presentes en el lugar, no intentaron frenar a los migrantes, quienes más tarde caminaron por una carretera hasta la primera ciudad importante, Tapachula.

México se enfrenta ahora a una situación sin precedentes con tres caravanas circulando por un tramo de más de 500 kilómetros (300 millas) en los estados de Chiapas, Oaxaca y Veracruz, con un total calculado en 6.000 migrantes.

El primer grupo, el de mayor tamaño y que está compuesto principalmente por hondureños, ingresó al país el 19 de octubre. Aunque esa primera caravana llegó a tener 7.000 integrantes, su tamaño se ha reducido significativamente. Es difícil contabilizar su tamaño exacto ya que sus miembros se dispersan por carreteras y pequeñas localidades.

El segundo contingente, que también tendría entre 1.000 y 1.500 personas, ingresó a México a principios de semana y estaba en Mapastepec, Chiapas. En este grupo hay hondureños, salvadoreños y algunos guatemaltecos. Además, el gobierno identificó una cuarta caravana con apenas 300 centroamericanos que va por delante y que ya está en Veracruz.

Los agentes de inmigración y policías han estado controlando los extremos de las dos primeras caravanas.

Un funcionario federal que no tenía autorización para dar su nombre dijo que 153 migrantes del segundo grupo fueron detenidos el miércoles durante inspecciones en carreteras del estado sureño de Chiapas, a poca distancia de la frontera con Guatemala.

También hubo presión sobre el primer contingente: la policía federal detuvo a camiones de carga y obligó a los migrantes a descender por considerar peligroso que fueran colgados de los costados o de la parte superior de los camiones.

En otros puntos a lo largo de la ruta, la policía obligó a las camionetas pick up sobrecargadas a dejar a los migrantes. En jornadas anteriores se ordenó a las camionetas de pasajeros que dejasen de colaborar.

Con o sin la ayuda del gobierno mexicano, no estaba claro cuántos migrantes llegarían a la frontera con Estados Unidos. Luego de muchos días, el calor abrasador, caminatas constantes, escalofríos, lluvia y enfermedades han hecho estragos. La secretaría de Gobernación de México dice que casi 3.000 de los migrantes en la primera caravana han solicitado refugio en México y cientos más han regresado a sus hogares.

En su viaje más al norte, pueden toparse con más incertidumbre.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó el envío de soldados a la frontera con México: más de 7.000 soldados en activo a Texas, Arizona y California.

El mandatario dijo a los soldados movilizados en la frontera con México que si los migrantes les lanzan piedras, deberían reaccionar como si éstas fueran "rifles". Trump planea firmar una orden la próxima semana que podría derivar en detenciones a gran escala de migrantes que crucen la frontera sur y prohibir que quien sea descubierto ingresando de forma ilegal pueda solicitar asilo.

Aunque algunos migrantes se enfrentaron a la policía mexicana en un puente en la frontera con Guatemala, la mayoría de los integrantes de las caravanas son pacíficos y dicen huir de la violencia y la pobreza en sus países de origen.

"Nosotros no somos asesinos", apuntó Stephany López, una salvadoreña de 21 años que viaja en el primer grupo.

Fuente: Associated Press

 

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