El fin de semana pasado, se conoció que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, estaría fraguando un acuerdo con el gobierno salvadoreño para que pueda recibir a miembros del Tren de Aragua, originarios de Sudamérica, que sean deportados. Esa organización criminal fue designada como terrorista por el nuevo mandatario estadounidense.
La posibilidad de construir un nuevo centro penitenciario, conocido como “CECOT 2”, para albergar criminales extranjeros en El Salvador que provengan deportados de Estados Unidos ha generado debates sobre los beneficios reales para el país. Según Napoleón Campos, analista internacional, esta medida no representa un aporte significativo para la economía ni para el bienestar de los salvadoreños.
“Un nuevo centro penitenciario no es una inversión que fomente el desarrollo económico. Por el contrario, desplaza a comunidades, afecta al medio ambiente y desvía recursos nacionales hacia una agenda que no responde a las prioridades internas”, afirmó.
Campos señaló que, aunque los migrantes salvadoreños han sido históricamente un pilar económico para el país debido a las remesas, las acciones del gobierno del presidente Nayib Bukele no han reflejado un compromiso claro para proteger sus derechos. Comparó esta situación con los esfuerzos de Colombia, cuyo presidente, Gustavo Petro, implementó medidas para garantizar un retorno digno para sus ciudadanos deportados, incluso enviando aviones para repatriarlos bajo condiciones humanitarias.
“La prioridad debe ser proteger a nuestros connacionales en el exterior, no convertirse en una extensión de las políticas de Trump”, declaró Campos, enfatizando que el gobierno salvadoreño carece de un plan efectivo para salvaguardar los derechos de su diáspora.
La propuesta de aceptar la construcción de un nuevo centro penitenciario para criminales extranjeros le plantea serias dudas al analista sobre la soberanía salvadoreña. Según Campos, este tipo de medidas proyectan al país como un espacio destinado a políticas carcelarias, despojándolo de una imagen más equilibrada como un destino para la inversión extranjera o el desarrollo humano.
Campos también advirtió que, de concretarse este acuerdo, El Salvador podría convertirse en un “Alcatraz” extraterritorial de Estados Unidos, sin obtener beneficios significativos a nivel social o económico. Además, cuestionó cómo estas decisiones podrían repercutir en las relaciones internacionales del país, al comprometer recursos y territorio para un proyecto que responde más a intereses externos que a prioridades nacionales.
“El Salvador no está apostando por un modelo de desarrollo sostenible ni por fortalecer su soberanía. Estas acciones lo convierten en un país simplificado, donde se priorizan proyectos que proyectan una imagen carcelaria por encima de las oportunidades de progreso y bienestar”, concluyó Campos.
Congresista
El gobierno salvadoreño ha sido elogiado por sectores del Partido Republicano en Estados Unidos debido a su aparente disposición para apoyar la agenda de seguridad del nuevo presidente Donald Trump.
vía: LPG







