QUIEN PROMETIÓ UNA ESCUELA POR DÍA?. El 1 de julio de 1972 el coronel Arturo Armando Molina, asume como presidente de El Salvador.

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PROMETIÓ UNA ESCUELA POR DÍA: El 1 de julio de 1972 el coronel Arturo Armando Molina asume la presidencia de la república y de inmediato el mandatario adoptó la modalidad del “gobierno móvil” que consistía en visitar todos los municipios del país con su gabinete de gobierno para conocer de cerca los problemas de las comunidades y buscarles las posibles soluciones.

Abundaban los apuntes de sus funcionarios, anotando todo lo que la gente se imaginaba iba a ser el fin de sus males. El objetivo oculto y no tanto, pretendía apaciguar la agitación creciente que se debía, entre otras cosas, al sabido fraude electoral con el que había ganado el cargo y al hecho de haber inaugurado su gestión emitiendo la orden para la ocupación de la Universidad Nacional, hecho perpetrado el 19 de julio de 1972 en obediencia a su lema de campaña “gobernar con definición, decisión y firmeza” y con el bendito del decreto legislativo exprés número 41 aprobado en el marco de una escalada de acciones en contra de los efervescentes movimientos populares que ya estaban por alzar los puños.

Aquella intervención fue un mal presagio para un mandato militar que la población ya no deseaba, más en un país que desde antes ya venía mal con hechos ásperos como: El asesinato del líder Rafael Aguiñada Carranza, ocurrido el 26 de septiembre de 1975 en San Salvador, la masacre estudiantil de los participantes en la marcha del 30 de julio de 1975, La masacre de la Cayetana en San Vicente en 1974, la masacre de Las Tres Calles en San Agustín el 23 de junio de 1975, el asesinato del padre jesuita Rutilio Grande García en el Paisnal el 12 de marzo de 1977.

Con la incursión militar a la universidad los arrestos fueron abundantes, de igual manera los exilios, empezando por Rafael Menjívar a la sazón rector, Fabio Castillo decano de la Facultad de Humanidades, lo mismo que el contendiente “perdedor” José Napoleón Duarte fue torturado y desterrado.

Pero en el mandato del hombre de la “guayabera”, el jefe del “gobierno móvil”, el que ganó por el partido de “las manitas perversas”, el que prometió “una escuela por día”, no todo era tan malo, algunas gentes decían: “el hombre algo hizo”, y efectivamente, El aeropuerto de Comalapa, la presa hidroeléctrica “Cerrón Grande”, la geotérmica de Ahuachapán, Banco de Fomento Agropecuario, Fondo Social para a Vivienda, INPEP, FIGAPE, INFRAMEN, entre otras megaobras.

Sólo con la puesta en marcha de la reforma agraria ordenada desde los “Yunais”, fracasó. Dicen que cuando iban a intervenir la Hacienda La Carrera de Juan Wrigth, éste le dijo al presidente del mostacho: “Te hemos financiado la campaña, llegaste a la presidencia y ahora nos quieres quitar las tierras… no se vale”.

En aquellos años, había un abundante sector del pueblo que masticaba y tragaba aquellas “pasaditas circenses” de un “gobierno móvil”, era la población menos favorecida y más orillada; hoy, aquellos abominables hechos, son sólo instantes ásperos que como manchas oscuras quedaron grabadas en el imaginario histórico y no se pueden limpiar ni con lejía. (Crédito del escrito a Julio Roberto Magaña).

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