Los tratamientos personalizados abren nuevas posibilidades para la atención del cáncer de sangre

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La medicina de precisión, la inmunoterapia y las terapias celulares están transformando la atención de la leucemia, el linfoma y el mieloma múltiple, con opciones cada vez más adaptadas a cada paciente.

Un diagnóstico de cáncer de sangre puede cambiar la vida de una persona y de su familia en cuestión de días.

El término incluye enfermedades como la leucemia, el linfoma y el mieloma múltiple, que se originan en la sangre, la médula ósea o el sistema linfático. Aunque comparten un nombre general, cada una se comporta de manera diferente y requiere decisiones de tratamiento muy específicas.

En El Salvador, las estimaciones más recientes de GLOBOCAN 2024 reportaron 764 casos nuevos entre cuatro de los principales cánceres de sangre durante el año: 413 casos de leucemia, 214 de linfoma no Hodgkin, 71 de linfoma de Hodgkin y 66 de mieloma múltiple. La leucemia se ubicó como el séptimo cáncer más diagnosticado en el país.

La noticia alentadora es que la atención está cambiando. Hoy, los especialistas pueden analizar con mayor detalle las características genéticas y moleculares de la enfermedad, lo que les ayuda a elegir terapias con mayor precisión. Los medicamentos dirigidos, la inmunoterapia, la terapia con células CAR T, el trasplante de células madre y las pruebas sensibles que miden la respuesta al tratamiento están ayudando a personalizar la atención y, en algunos casos, a lograr respuestas más profundas y duraderas.

Comprender el tumor para tratar mejor al paciente.

“Dos personas pueden tener el mismo diagnóstico general, pero características moleculares muy distintas”, explica el Dr. George Nahas, oncólogo médico de Baptist Health Herbert Wertheim Cancer Institute. “La atención personalizada comienza por comprender esas diferencias y combinarlas con la edad del paciente, su estado general de salud, tratamientos previos y necesidades individuales”.

Las pruebas genéticas y moleculares pueden identificar mutaciones, proteínas o vías biológicas que impulsan el crecimiento del cáncer. Esta información puede ayudar a estimar el riesgo, seleccionar una terapia dirigida, considerar la inmunoterapia o evaluar la participación en un ensayo clínico. En algunos casos, las pruebas pueden repetirse si la enfermedad cambia o regresa, ya que las células cancerosas también pueden evolucionar con el tiempo.

A diferencia de la quimioterapia, que ataca células que se dividen rápidamente, las terapias dirigidas están diseñadas para enfocarse en una vulnerabilidad específica del cáncer. Algunas se toman por vía oral y otras se administran por infusión. Pueden utilizarse solas, combinadas con quimioterapia o administrarse en distintas etapas del tratamiento, según el tipo de enfermedad y la condición del paciente.

El sistema inmunitario como aliado

La inmunoterapia también ha ganado terreno en la atención del cáncer de sangre. Algunos tratamientos ayudan al sistema inmunitario a reconocer proteínas presentes en las células cancerosas; otros acercan una célula inmunitaria a una célula tumoral para facilitar el ataque. “Estas terapias han creado nuevas oportunidades para pacientes cuya enfermedad ha regresado o ha dejado de responder a opciones previas”, señala el Dr. Nahas.

La terapia con células CAR T lleva la personalización un paso más allá: utiliza las propias células inmunitarias del paciente, las modifica en un laboratorio para que reconozcan una señal específica del cáncer y luego las devuelve al cuerpo mediante una infusión. Este enfoque ha producido respuestas significativas en ciertos tipos de leucemia, linfoma y mieloma múltiple, especialmente en personas que ya han recibido varios tratamientos.

Otro avance importante es la prueba de enfermedad mínima residual, que puede detectar cantidades muy pequeñas de células cancerosas que podrían permanecer después del tratamiento. “Esa información puede mostrar qué tan profunda es la respuesta y ayudarnos a decidir si debemos continuar, vigilar más de cerca o cambiar la estrategia”, agrega el especialista.

Señales de alerta que no deben ignorarse

Aunque no todos los pacientes son candidatos para todas las terapias, contar con más herramientas disponibles permite tomar decisiones mejor informadas. La evaluación por especialistas puede ser especialmente útil cuando el cáncer es de alto riesgo, regresa después del tratamiento o responde de una manera inesperada.

Debido a que no existe una prueba de detección rutinaria para la mayoría de los cánceres de sangre, reconocer cambios persistentes es esencial. La fatiga extrema, la pérdida de peso inexplicable, las infecciones frecuentes, los moretones o sangrados inusuales, el dolor óseo, los sudores nocturnos o los ganglios linfáticos inflamados deben motivar una consulta médica si continúan.

Para las personas que ya tienen un diagnóstico, preguntar sobre el subtipo exacto, las pruebas moleculares, las terapias dirigidas, la inmunoterapia, el trasplante, la terapia celular o los ensayos clínicos puede abrir conversaciones importantes. En una enfermedad compleja, contar con información clara y oportuna también forma parte de la atención.

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